No soy romántica… ¿Tengo un problema?

Sí, me gustan las comedias románticas americanas, algunas españoladas,… Me entretienen esas historias de amor imposible, tipo Pretty Woman o Sólo tú. Reconozco y no me avergüenzo que hasta estuve enganchada a una telenovela. La protagonista se llamaba Esmeralda. No es por justificarme, pero era lo que echaban justo cuando llegaba a casa, a la hora de la comida. Y, sí, por supuesto, que me gustan las flores. Las flores. No las plantas, que todas se me mueren porque me olvido de regarlas.

Pero, eso no es suficiente. Creo que no soy romántica. Es San Valentín y, para mí, como si es San Honorato. A mi edad es hasta casi normal que no esté ñoña pensando en el regalo de mi marido ¿o no?… La verdad es que ni cuando tenía 15 años pensaba en ello, más que nada porque tampoco tenía novio. Tardé en tener pareja formal. Digamos que me costó enamorarme, que no encapricharme. Eso me paso muuuuuchas veces. Creo que sólo me enamoré de quien mereció la pena. Afortunadamente. Eso no quiere decir que no lo haya pasado mal. Pero porque, si me dejaban, sentía herido mi orgullo. No porque no pudiese vivir sin el tío de marras.

El caso es que el no ser romántica me ha traído problemas. Más que problemas, pasar ratos chungos de esos en los que si fuera un avestruz metería la cabeza en un hoyo, de esos de bostezar y de esos en que te chirrían los oídos porque oyes un “te quiero” que no viene a cuento.

Ya sabemos que uno de los estereotipos de la femineidad es ser romántica, como débil, charlatana, compradora compulsiva… y otras cosillas. Pero, precisamente, yo el primero no lo cumplo. El cuarto tampoco, cosa que me trae algún que otro problemilla con el pariente. Y los hombres (todos) dan por supuesto que a todas nos emocionan las puestas del sol, las estrellas, las rondas y serenatas, las poesías ñoñas y los ramos de flores que te sorprenden en el puesto de trabajo.

Quien sea como yo, me entenderá. Una vez me cantaron una serenata. En la Universidad. La tuna entera y, en ella, estaba un chico que me volvía loca. Mis compañeras me empujaron al balcón y, en aquel momento, precisamente en aquel momento, ese hombre dejo de tener el más mínimo interés para mí. Aparte de que casi me explota la cabeza porque la cara se me puso incandescente. Y mira que estaba buenorro. Puf, la tuna,… No hago más comentarios.

Otras veces he tenido que leer mensajes en el móvil del tipo: “cuando sales eres como el sol que me ilumina” o “eres las flor de mi jardín”…. Ainsssss, ¡Qué repelus! Y es que algunos y algunas confunden el romanticismo con la cursilería. Uno de los días más horribles que recuerdo fue cuando me llegó un ramo de flores al trabajo hace años. Aquella vez la cara también se me puso incandescente, roja, violeta,… Si llego a tener un cubo de agua fría me lo tiro encima. Y eso que en aquel momento ya sí que estaba enamorada de verdad.

Romanticismo… el justo. Mañana será un día más. Y, para mí, saber que mi marido está ahí, que nos apoyarnos mutuamente es el mejor regalo. El pensar en que quiero compartir mi vida con él, mis alegrías y mis penas, me basta. Saber que me cogerá de la mano si caigo es más que suficiente.

Además me ha dado lo mejor. Me ha dado el AMOR. Sí, AMOR con mayúsculas. El verdadero AMOR. Me ha dado a mi bichi. Por eso lo amo aún más.

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Un comentario en “No soy romántica… ¿Tengo un problema?

  1. Estoy de acuerdo con los dos últimos párrafos. Que se dejen de ñoñerías y estén ahí cuando los necesito, entonces es cuando sé que me quieren.

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