No soy Inspector Gadget

Erase una vez una mamá cualquiera que, después de un día agotador, necesitaba una ducha reconfortante. Papá no estaba y Bichi permanecía tranquilo en el rincón de sus juguetes. La mamá pensó que meterse en la ducha no era muy buena idea. Bichi empezaría a llorar si no la veía e incluso podía meterse en algún lío de serias consecuencias. – Oh, ¡qué dilema!, ¿qué puedo hacer?- se dijo. Después de darle varias vueltas de 360º a su chamuscado cerebro, se hizo la luz. – ¡Cómo no lo habría pensado antes! Me meto en la bañera con Bichi y así mato tres pájaros de un tiro. Mamá se relaja, baña al Bichi y lo tiene todo bajo control-. La sonrisa iluminó el rostro de la maltrecha mamá. Muy afanosa preparó todos los enseres y utensilios para tenerlos bien a mano. Pensaba que aún le quedaba una neurona con vida en su cabeza. Sin duda, algo digno de celebrar.

Mi albornoz, su toalla, mi champú para caballo, su champú Deliplus, mi gel para pieles secas, su gel Deliplus, mi crema hidratante de oliva, su aceite Deliplus, mi esponja, su esponja… Jeje, ya está todo. Al agua patos. Pero, cuando ya estaba en pelota picada y con un pie en la bañera, se dio cuenta de que en la escena faltaba una pieza fundamental: Bichi. Hummm, y ahora, ¿qué hago? ¿me visto? No, no,… creo que dejé las cortinas corridas. Rauda y veloz, blanca, con el vello a medio salir y la celulitis en su mayor esplendor  se apresuró a buscar a su príncipe azul. Allí estaba, tan tranquilo, jugando con sus camiones. Cuando se agachó a cogerlo, oh, oh, el vecino miraba con cara de susto desde el otro lado del patio de luces. Mierda, la cortina. La cara de espanto de Don Manuel lo decía todo. El hombre se puso rojo. No sabía si mirar de frente, a la derecha o a la izquierda. Decidió quedarse inmóvil. Mamá esbozó una ligera sonrisa, cogió al bichi estrategicamente para tapar sus vergüenzas y marcha atrás, para que Don Manuel no le viera el culo, corrió hacía el cuarto de baño.

Puf,… ya estamos aquí. Mamá desnudó a Bichi y, por si acaso se resbalaba en la bañera, decidió entrar ella primero y desde allí alcanzar al muchacho. Pero la presunta hazaña resultó un rotundo fracaso, Bichi había retrocedido hasta la pared contraria del milimétrico cuarto de baño. Definitivamente, la mujer pudo comprobar que no era el inspector Gadget y, por supuesto, carecía de gachetobrazo. Bichi hizo caso omiso a sus requerimientos. Por lo tanto, por segunda vez consecutiva salió de la bañera, y está vez no pudo evitar chorrear todo el suelo. Por fin alcanzó  al bichi, no sin esfuerzo.

La sacrificada mamá no podría sospechar lo que se le venía encima. Bichi empezó a forcejear y a gritar desesperadamente. Sus alaridos podían oírse en todo el edificio. Por más que la buena mamá intentó calmarlo, no hubo manera. El cuerpo del renacuajo cada vez estaba más tenso, sus berridos eran cada vez más desgarradores y su cara comenzó a ponerse del color rojo tensión. Cuando parecía que el momento dramático había llegado al momento culmen, dejo de respirar como si cogiera impulso para llorar más fuerte. Fueron quizás diez segundos que a mamá le parecieron diez minutos. Las palmaditas en la espalda para que respiraba tardaron en hacer efecto.

Tras varios minutos de lucha y varias amenazas de ahogamiento, mamá desistió y decidió acabar con lo que iba a ser un placentero momento de relax compartido con su pequeño vástago. Levantarse en la bañera sin soltar a bichi se hacía harto difícil. Pero prefirió intentarlo. El resultado fue     un nuevo fracaso. Resbaló y a punto estuvo de romperse los dientes con la mámpara o de romper la mámpara con los dientes. Finalmente sacó al bebé de la bañera y después salió ella, lo que hubiera sido la decisión más acertada. Se ve que en aquel momento la único neurona de su cabeza se tomó un descanso.

Cuando papá llegó el panorama no podría ser más desolador. Mamá estaba sentada en la tapa del retrete. Se había puesto el albornoz. Bichi estaba sentado en sus rodillas, agarrado a su cuello y con el rostro desencajado de terror. ¿Qué ha pasado?– preguntó. Mamá respondió, un tsunami pasó por nuestra bañera. Papá puso cara de desconcierto y añadió: Vaya, ¡menudo día!, acabo de ver como el 112 se llevaba a Don Manuel. Al parecer le ha dado un infarto. Entonces, una lágrima recorrió la cara de Mamá. Definitivamente necesitaba un baño relajante y una liposucción.

Nota: este relato está basado en hechos reales. Eso sí, el personaje de Don Manuel es totalmente ficticio.

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16 comentarios en “No soy Inspector Gadget

  1. Ostras!! Salvo por el final me he reído un montón! Menuda aventura!! Qué susto con lo del vecino, seguro que se sintió indispuesto porque vio a una diosa. Un beso muy grande y paciencia, se le pasará el miedo!

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    1. Soy un pelín exagerada. Lo cierto es que mi hijo tiene terror a la bañera, incluso, conmigo dentro. Lo de Don Manuel es totalmente ficticio. Menos mal. jajajaja

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  2. Don Manuel ha publicado el vídeo en youtube—pa fictio tu baño hija que no se pudo dar pero el show que diste ha generado millones de visitas! enhorabuena que llegarás a primer lugar en el ranking de @madresfera jajaja me partooooo!!! CONSEJO: mete los juguetitos del bichi al baño, pon música que les flipa y tu métete cual sirena varada (en mi caso ballena reina) a disfrutaaarrrr—de la parte idílica del baño hijo-madre olvídate que ya sabemos a estas alturas que por ahi venden jarto mito! besazos!

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    1. jajajaja… ya me di cuenta de que lo del baño relajante es un imposible. Al menos con mi hijo. El paso de la bañera de plástico de bebé a la bañera “gande” va a ser todo un mundo. Peor que el orinal.

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    1. Rakel, eres un solete. Gracias… ¿Cómo sigues? Ya verás que pronto te unes al club de las mamás imperfectas… jejeje.

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  3. Muchas gracias. Está todo un poco exagerado, pero os aseguro que Bichi va a tener un serio problema en verano cuando vayamos a la piscina. No quiero ni pensar lo que se me avecina después de ver su reacción en la bañera.

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  4. Reverencias hago ante este fantástico post. Me he reído muchísimo y es una pena que lo de Don Manuel sea ficticio (no lo del infarto: el resto, jeje). No tenías que haberlo dicho!! 😀

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    1. Jajaja… Tenía que introducir algo de dramatismo al relato. Ahora te aseguro que de lo de Bibhi y su mamá es totalmente cierto. El niño no soporta ni la bañera normal ni la ducha. Tiene dos años y sigue bañándose en una bañera de bebé.

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      1. Nosotros, lamentablemente, no tenemos bañera normal. Cuando eramos pareja sin hijos parecía estupendo, pero ahora lo echamos de menos.

        El nuestro va a hacer dos años y desde hace un par de meses seguimos bañándole en la de bebés, pero metiéndola dentro de la ducha. A él le encanta. La faena será cuando se la quitemos porque al no tener el cuerpecillo semisumergido en agua, tendrá sensación de frío el pobre.

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      2. Puf… a mí se me ocurrió un día meterlo en la ducha conmigo y también le da pánico.
        Sí, yo no me suelo bañar pero, la verdad, es que teniendo un niño es muy cómoda.
        De todas las maneras, yo he visto a niños de cinco años bañándose en bañeras de bebés. Las hay con mucha capacidad. La nuestra tiene 20 años y es bastante grande.

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