El gusano se convirtió en una mariposa ‘divina de la muerte’

Esta noche estoy sentimentaloide. Si hay algo que aflora en mí más de lo debido es la nostalgia. Más allá de eso, he de reconocer que no soy ni romántica, ni sentimental, ni siquiera cariñosa. Poco antes de tener a mi hijo, los bebés no me producían ningún tipo de sensación. No lo veía ni bonitos, ni feos, ni simpáticos, ni antipánticos, ni tiernos… Generalmente, me parecían insoportables.

Es más, confieso que, si alguna vez me tenía que hacer cargo de algún niño o niña, un sudor frío me empezaba a recorrer el cuerpo. Coñazo. Sí, esa es la palabra exacta que me venía a la mente. Hacía lo posible y lo imposible por encontrar cualquier entretenimiento para que el renacuajo en cuestión no me diese la tabarra. Detestaba jugar con ellos. Me  aburría infinitamente. ‘Anda, niño, mira los dibujos de la tele. La tita está cansada y no tiene ganas de jugar al Veo, veo. Mira, mira que chulada. Anda, guapín, déjame en paz’. Escaqueo puro y duro.

Mi madre y mi padre me decían que todo cambiaría cuando tuviera un hijo. Después de varias caras de desprecio absoluto y de algún que otro ‘anda, no me deis la brasa’, ambos se dieron por vencidos. Pensaban que aún les quedaba una hija normal que les haría abuelos y la otra, la anormal (es decir, yo) sería una solterana, si acaso incluso ‘promiscua, lesbiana o algo peor’. Vamos, que me convertiría en la típica tía cascarrabias, amargada y bruja. Nadie me iba a querer. Eso mi padre me lo repitió tanto que, a veces, hasta me hizo llorar.

El caso es que, a los 27, ya me sentía un bicho raro. Afortunadamente rodeada de otras bichas raras, raras, raras, con ganas de fiesta, de comprarse ropa, viajar, emborracharse, ligar y otras superficialidades por el estilo. Éramos “Las Divinas”. Formábamos una pandilla de lo más absurda (ahora lo veo con perspectiva). ¿Se puede ser más estúpida para que tu único objetivo sea trabajar toda las semana y el sábado por la tarde ir a comprarte un modelito en Zara que estrenar por la noche para poder ‘triunfar’? Esa era yo. Para mí, las ñoñas que hablaban de las cortinas a juego con el sofá, de tener niños y una casa de campo eran del equipo contrario, “Las Imbéciles”. ¡Qué atrevida es la juventud y la gilipollez!.

Pero, sólo dos años después, me aburrí de tanta fiesta. Mi cuerpo ya no podía más. Y la “fiestas va y viene,  pendón verbenero más vista que el tebeo” comenzó a inventarse excusas para quedarse en casita, con su mantita, su librito y una peli romanticona. Comenzaba la mutación. A los 30 encontré al Tío Camuñas, mi marido, un tipejo con el que estar menos sola y compartir el sofá. Poco a poco su presencia empezó a ser reconfortante y necesaria. Y, sin darme ni cuenta, un caluroso día de julio pronuncié el ‘Sí Quiero’. Mal asunto. Yo también tenía un lado “imbécil”. Empezaba a aflorar.

No sólo comencé a visitar Ikea con asiduidad y a fijarme en el color de las cortinas, también surgió en mí algo parecido al instinto maternal. De repente, una amiga (de aquellas de las guay) empezó a engordar de una manera un poco extraña. Recuerdo sus lloros. Acababa de conseguir un excelente trabajo y se lamentaba de que se le ‘había jodido la vida’ (ojo, con 32 años se quedo embarazada).

Pero, en vez de verla como un ser desgraciado, la contemplé con un ser bello, perfecto, hermoso que dentro de sí engendraba un bebé. ¡Oh, qué maravilla!. Ahí ya estaba ‘jodida’. La mutación había finalizado y mis siguientes pasos se encaminaron a sí o sí quedarme embarazada. El Tío Camuñas puso varios obstáculos, pero no hay nada que pueda con la voluntad de una mujer decidida a ser madre. Ni siquiera un preservativo. Eso lo tengo yo  más que claro.

Entre tiras y aflojas y algún que otro truco malicioso, en cuatro meses me quedé preñada. Objetivo cumplido. El siguiente, joder al Tío Camuñas todo lo posible y un poco más. Si yo lo pasaba mal, él también. Si no, ¿quién le pidió que me fecundase?. Ja. El embarazado fue un absoluto asco. Yo me veía fea, gorda y repugnante. Bueno, engordé 25 kilos. O sea, no es que me viera es que realmente me convertí en un monstruo. Unido a una cara depresiva, yo era puro esperpento. Deje de cuidarme. Mis pelos, mi rostro pálido, mi culo inmenso y mis piernas botijo eran un primor. Vamos, la musa perfecta para Botero, exceptuando que parecía un zombie. Betty, la fea, a mi lado podía ser Miss Universo.

Bichi nació y tras quince días de depre, renací convertida en una flamante mamá, en una perfecta mariposa. Después de dos años, he perdido los kilos sobrantes y soy feliz. Una vez más mis padres tenían razón. Para mí, mi hijo es guapísimo, simpático y (increíble pero cierto) me chifla jugar con él, compartir cada momento. Como buena mamá, se me cae la baba, me lo comería y le doy 101.000 besos a lo largo del día.

Pero lo mejor es que he descubierto el verdadero amor. AMOR con mayúsculas. Pero no el amor de la maternidad, que es bestial, sino el amor que profesa un hijo a su madre. Un amor entregado, incondicional y desinteresado. Mi hijo me ama por encima de todo (exactamente igual que amaba y amo yo a mi mamá).

Nunca jamás nadie me ha hecho sentir tan querida y tan especial. Alguien que me necesita y para él que lo soy todo. Su mamá. ¡Qué bien suena esta palabra en su boca!

Me pregunto si no hubiera vivido ese proceso de mutación qué habría sido de mí. ¿Y si todavía hoy fuese un gusano?. Sería una vida tan vacía, tan triste y tan absurda. Con hombres entrando y saliendo de mi cama, viajes con amigas solteronas, salidas nocturnas, borracheras, compras compulsivas,…

Nada de lo que se pueda decir sería suficiente para explicar lo que significa la maternidad. Es un sentimiento que más allá de culturas, de razas, de creencias y de fronteras nos une a las mujeres que tenemos la inmensa fortuna de experimentarlo. Es un sentimiento universal y que, sin duda, merece la pena vivir.

Respeto todas las opciones. Tengo amigas y amigos que no quieren tener hijos y, ni por nada del mundo, trato de hacerles cambiar de opinión. Pero no puedo evitar sentir lástima por ellas y ellos porque yo me siento una privilegiada. Evidentemente, si no conoces algo no lo echas de menos. Pero yo, como madre, creo que mi vida no hubiera sido ni la mitad de positiva que lo está siendo gracias a esta experiencia vital.

Sin duda, ser madre es lo mejor que he hecho en mi vida ¡Ahora sí soy una mariposa divina de la muerte!.

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10 comentarios en “El gusano se convirtió en una mariposa ‘divina de la muerte’

  1. ¡Que bonito! Esta entrada merece ponerle color a los pies de tu bichi en la foto :))) a pesar del “mamá baby blue” el color siempre se encuentra y mírate menudo bicho te has convertido :=))) besos wapa!

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    1. Gracias. Ayer me puse a escribir que esta semana no había tenido ni tiempo. Sigo leyendo todos tus post, aunque no comente porque no tengo tiempo. A ver, ahora en Semana Santa, si recupero el tiempo perdido.

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  2. Muy pocas veces he escuchado a alguien hablar de cómo lo que parecía lo máximo en nuestra vida de soltero irresponsable y juerguista se ve completamente transmutado con la paternidad. Cómo cambiamos las personas y qué enriquecedor es. Un camino sin vuelta atrás hacia algo maravilloso.

    Muy bonito.

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    1. Desde luego que es un camino enriquecedor. Yo no echo absolutamente nada de menos aquella vida. He de reconocer que viví tanto la fiesta que ahora me repugna. Me refiero al ambiente nocturno.
      Mi vida casera y familiar es tan plena desde que tengo a Bichi.
      Pero, bueno, supongo que hay que “quemar” cada etapa al máximo. Jejeje

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  3. Ni te imaginas lo que me he sentido identificada en tus palabras!!! Identificada y esperanzada, ya que yo todavía ando en mis primeras etapas de embaraza, con los típicos síntomas, estado de animo por el subsuelo y preguntandome si esto realmente es lo mío!! No me sentía muy identificada con los típicos comentarios de “estoy embarazada y pletórica” o ” estar embarazada es lo mejor que me ha pasado en la vida” etc… Esto se acerca más a mi realidad y me da esperanza de que todo cambiara después! Gracias!

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    1. Me alegro mucho. La percepción de la vida cambia completamente cuando eres mamá. Ya lo verás. Enhorabuena por tu embarazo.

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