Escuchemos la voz del Supertacañón

Hoy voy a hablaros de mi abuelo, que no es un abuelo cualquiera. Es un abuelo berciano, conocido entre sus allegados como el Supertacañón. Su faceta más característica llega a extremos patológicos. Me di cuenta de ello cuando me afirmó que iba a empezar a comprar galletas en vez de pan porque el pan estaba muy caro y un paquete de galletas cundía más y sólo costaba 0,75 céntimos en el Lidl.

Estas podrían ser las nietas del Supertacañón

Los ejemplos de su supertacañería son infinitos. Cuando me independicé me fui a vivir de okupa en un piso de su propiedad que llevaba veinte años cerrado a cal y canto. Un día mi abuelo llamó a mi puerta, cual arrendatario pedorro, a reclamarme el pago de la factura del agua. “Me debes siete euros con treinta y tres céntimos”, dijo tan campante.

Afortunadamente mi abuela, algo más esplendida, le lanzó su mirada taladradora. “Burricán“, gritó, “¿tendrás tan poca vergüenza de cobrarle a tu nieta?“. Salvé el pescuezo y la cartera en aquella ocasión y en otras tantas. Unas haciéndome la sueca y otras, con la inestimable ayuda de la matriarca y de mi papi.

Como buena berciana que soy (aunque no de pura cepa), he trabajado de minera, Sí, sí, de minera. En aquellos tiempos y en aquella casa (como en la inmensa mayoría de esta maravillosa tierra) la calefacción funcionaba con ese combustible extremadamente sucio y omnipresente en esta nuestra comarca. Hablo del carbón, negro como el cerote.

Aquí un paisaje típicamente berciano

Yo bajaba a escondidas a la carbonera, un antro oscuro y lúgubre. Era el escenario perfecto para rodar una película de terror. Siempre me imaginaba qué tipo de añaroides peludas vivirían en aquel siniestro lugar. Allí le mangaba con premeditación y alevosía cubos y cubos de carbón.

Imaginaos esto pero manchado de carbón y lleno de telas de araña. Puagggg

Los subía a mi piso cagándome en la puta antracita de los cojones. Dicen que mi escoleosis está provocada por una mala postura delante del ordenador. Yo creo que más bien fue culpa de este trabajo precario de minera. Bajando y subiendo toneladas de este pesadísimo mineral.

Al Supertacañón, que lo tenía por más listo, le sorprendía la velocidad a la que bajaba su stock invernal. Mi abuela se llevaba todas las culpas. ¡La pobre! Lo cierto es que entrar en su casa (vivían en el segundo) era como hacerlo en los Altos Hornos de Vizcaya. La temperatura media rondaba los 40º (50º al lado de la chapa). ¡Aquello era un infielno!, como decía el tontodelhaba de Rambo o Rocky (es que me los confundo).

¡Esto es un infielno, buahhh!, mamaaaá

La caldera se me apagaba todas las noches. Mil veces y mil bercianos y bercianas me explicaron el “truco”: baja el tiro, sube el tiro, atízala y no sé cuantas cosas más… El caso es que yo, mañana sí y mañana también, tenía que levantarme una hora antes para prender aquella rudimentaria máquina. Al estilo Supervivientes. Leña, cartón,… y cuando conseguía una puñetera llama algo contundente, cruzaba todos los dedos de los pies para que no se me apagara mientras echaba el carbón con sumo cuidado.

Más o menos así me quedaba la cara después de "prender" la caldera.

Después de un invierno practicando estas maravillosas artes, llamé a un fontanero para que me instalase una calefacción de gas natural. Descubrí cosas interesantes: dios existe, el botón on/off es la octava maravilla del mundo, lo de “fontanero buenorro” no es una leyenda urbana y el gas es muuuuuy caro.

Ejemplo de fontanero eficiente

Como abuelo con denominación de origen Bierzo, Supertacañón practica la agricultura y ganadería de subsistencia. Sabe que con él y con su generación se morirá un estilo de vida. Con directas e indirectas, ha intentado que sus nietos políticos cojan el tractorín. Nada de nada. “Non valen”. “Algún día os pesará”, vaticina. Estoy segura (tal y como se está poniendo el panorama).

Mi abuelo no ha tenido mucha suerte en la vida. A raíz de nuestra tragedia (perdimos a mi padre) he descubierto que Supertacañón, un berciano fuerte, alto y con elegancia y porte (aunque sea vistiendo mono de trabajo) tiene su lado débil. Le he visto llorar en demasiadas ocasiones.

Pero, para mí y para mi hermana, sigue siendo un ejemplo de fortaleza (porque los hombres fuertes también lloran, aunque sean bercianos). A sus 87 años nos da mil lecciones de dignidad y, por supuesto, de ahorro y de gusto por lo simple.

Le debo mi pragmatismo, mi amor al pueblo y a la naturaleza, al trabajo bien hecho, a la lealtad y, sobre todo, a la lectura. También mi parquedad y tacañería. No suelo demostrar mis sentimientos con mucha facilidad.

Sé que la vida es así. Me esperan momentos de felicidad pero también de desgracia. Uno muy duro será su pérdida porque con él se me irá lo más cercano a un padre que me queda.

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24 comentarios en “Escuchemos la voz del Supertacañón

    1. A mí también. Aunque, a veces, me saque de mis casillas. Jajaja. Es todo un señor, culto y elegante. Estoy segura que en sus tiempos tuvo que tener mucho éxito, aunque conociéndole no creo que invitara a muchas cenas a las mozas del pueblo.

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  1. Ay, esos abuelos… siempre tan peculiares, siempre tan presentes. La pérdida más grande que he sufrido hasta ahora es la de mi abuelo materno, un auténtico faro en mi infancia y juventud. El guaje se llama como él; no podía ser de otra forma.

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  2. Como se nota que adoras a tu abuelo, con sus virtudes y con sus defectos. Eso es amor de verdad y no el de aquellas personas que sólo ven todo lo positivo en ellas y no aceptan los defectos de los demás. Enhorabuena por tu abuelo, muchos tendríamos que aprender a vivir con honradez y sencillez y no con el querer aparentar, algo muy común en El Bierzo.

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    1. Muchas gracias, Sandra. Mi abuelo es lo más. Desgraciadamente yo no he heredado su elegancia. Es una persona muy recta, educada, culta, elegante… pero es un supertacañón. jajajaja

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  3. Marta, quiero escribir como tú… Qué bonitas palabras las que le dedicas a tu abuelo… Gracias, de nuevo, por contarnos tan bien las cosas… Pones la carne de gallina…. Besos

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  4. Dices que tu abuelo es recto, educado, culto y elegante… entonces tenéis muchas cosas en común.
    Gracias por ser tú. Me encanta leerte.

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    1. Mónica, jajaja, recta, educada y culta vale… Elegante??? jajajaja. ¡Qué pena que no pueda ir a verte este finde! Te iba a dar unas clases de elegancia. Por cierto, tengo que depilarme el bigote, jajajajaja

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