El vaquero culoalaire y otros inventos diabólicos

Si las razas humanas se valorasen como la de las vacas, yo sería de lo mejorcito que parió una madre. Soy de culo gordo, algo muy valorado por los criadores de terneros ya que es sinónimo de buena carne. Pero como soy una mujer del siglo XXI, pues toca jorobarse o joderse. Depende de las ocasiones. Cuando quiero comprarme un pantalón toca joderme.

Ahora mismo mido 1,70 y peso 60 kilos. Mucho antes de la preñez medía lo mismo y pesaba cinco kilos menos. Cinco kilos que se aposentan en mi orondo culo y en mi generosa barriga flácida. Algo imposible de meter en los pantalones culoalaire que proliferan en Estrafalarius, Mangüis y Zaralandia.

Ni el culo de las más delgadas entra en los pantalones choni

Detesto ir de compras. No sé si ya os lo había dicho. Si fuera rica contrataría a una shop assistant. Pero, como soy de clase media tirando a baja, toca jorobarme de vez en cuando. Es cuando recorro estas tres tiendas a la velocidad del rayo. Siempre sin probarme nada. Cojo, pago y me largo. Odio los probadores, los que huelen a sudor revenido y pies y los que no huelen.

Antes de ponerme el pijama, me pruebo las adquisiciones. Como soy tan requetelista y tengo este buen ojo, siempre tengo que volver a la tienda a por una talla más o a devolver directamente mi compra. Las camisetas o me quedan cortas o estrechas, o tienen demasiado escote o aprietan mis diminutas tetas. Pero con los pantalones es que no hay manera. Siempre me quedan al ras. Todos los vaqueros que entran por mi puerta me tapan el culo hasta que me agacho. Es lo que yo llamo vaquero para chonis.

 Mi problema no es que se me vea el culo o la raja del culo o hasta el ojete. Mi gran problema es que se me ven las bragas. ¿Qué cómo son mis bragas? Pues, fácil, tipo faja. Las tengo de todos los colores, estampadas y lisas. Pero todas ellas, cómodas como ninguna, que para eso mi tía tiene una mercería.
¡Fuera glamour! ¡Estas bragas sí son cómodas!
Mis bragas son más conocidas que mi cara. Están más vistas que el tebeo. Por lo tanto, necesito ayuda urgente. Mamás blogueras, mamás del mundo, mujeres,… os pido que me orientéis. ¿Dónde puedo encontrar pantalones cubreculo?
Aprovecho la ocasión para enumerar algunos otros inventos diabólicos en los que he caído como una idiota. Ahí van:
1. Las cazuelas o aletas nadadoras: la primera y única vez que me compré uno de estos bichos (por llamarlo de alguna manera) me sorprendió su capacidad de frenar mi avance en el agua. Y es que se mueven como las aletas de un pez pero, en vez de impulsarte, te frenan. Lo único positivo que tienen es que necesitas emplear más energía en la natación, por lo tanto gastas más calorías.
Otro aspecto tremendamente ridículo es que, según la posición en la que estés sentada, se te ve todo el tetamen. Más: tardan en secar una eternidad. Os aseguro que las tetas las tienes frescas como lechugas toda la tarde de piscina.
Estas son las archiconocidas “cazuelas”
2. Los peeptoes o zapatos estrujadedogordo: no entiendo que tiene de elegante que el dedo gordo del pie asome por el ventanuco delantero de estos zapatos, puestos muy de moda por la Princesa Letizia hace algunos años. Pues, siguen vigentes como el primer día. No son ni zapatos, ni sandalias. Son una cosa rara y, para mí, incómoda y hasta fea. Eh, qué tengo un dedo gordo del pie la mar de bonito.
Pienso que, a lo mejor, necesito un número más.
3. Bolsos con asas: los hay preciosos, pero a mí me gusta el pragmatismo. Todo lo que tenga que llevar en la mano me molesta, llámese paraguas, bolsa de la compra o cartera de mano. Las madres del mundo entero, me comprenderán: con un bichi, dos manos son pocas. Y ¿qué ocurre si lo colgamos del asa de la silla del paseo? Mejor que no os lo explique, ¿verdad? Como al bichi le dé por levantarse, CATAPLÁN, todo al suelo.
Yo creo que, si las asas son de caña, la cosa se complica muuucho más
 4. Bailarinas cubreuñas: son graciosillas, pueden tener su aquel. No digo que no… Pues sí, digo que son horrorosas. A mí se me caen al andar, con el consiguiente rozamiento en el talón. Pero además, me resulta algo difícil de ver. Puede ser falta de costumbre. Yo, si enseño los dedos de los pies. quiero que se vean las uñas. Punto.
Son una monada, pero si taparán un poquitín más el empeine
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5 comentarios en “El vaquero culoalaire y otros inventos diabólicos

  1. He descubierto tu blog y tiene narices que vaya a comentar en esta entrada, con todo lo interesante que tienes escrito, pero me solidarizo con tu tipo, que es el mío. Ahí va: vaqueros de la marca Bandolli. No son excesivamente caros y sí muy resistentes y han jubilado muchos otros que me compré después. Yo los encuentro en las tiendas de vaqueros de toda la vida, que ya quedan pocas, eso sí. Enhorabuena por el blog. Te sigo 😉

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    1. Muchas gracias, Raquel. No me suena de nada esa marca, pero intentaré encontrarla en mi ciudad.
      Yo últimamente me he comprado en Blanco unos pantalones que sientan muy, muy bien. Son básicos y los hay de muchos colores. El precio… inmejorable.

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