Quiero trabajo y no un “robin hood” que me dé de comer

Si no lo es ya, a España le queda medio paso para convertirse en un país bananero. La guinda del pastel la puso hace poco un tal Sánchez Gordillo, alcalde y (para mi asombro) diputado nacional de Izquierda Unida. Un paisano que, al oírlo hablar en la tele dando explicaciones de su “hazaña”, te das cuenta de que se necesita muy poco tiempo para encumbrar definitivamente el bipartidismo.

El nuevo mesías

Me une una relación especial a Mercadona. Tengo familiares y amigos que trabajan en la empresa. Además, por cercanía y porque me gustan sus productos (y sobre todo sus precios), compro diariamente en el supermercado.

Nada más. Ni soy familiar ni amiga del señor Roig ¡Ya me gustaría! Si fuera así, lo primero que haría sería pedirle un puesto de trabajo. Como directora de comunicación no tengo precio. Pero, Juan Roig todavía no lo sabe.

En todos los sitios cuecen habas y puede que trabajar en Mercadona ni por asomo sea como hacerlo en Google. Sin embargo, en mi entorno, es de lo más digno que he conocido en mis 15 años de vida laboral.

Su propietario tiene todo el derecho a ser rico ¡Faltaría más! Ha acertado con su negocio (no siempre con sus declaraciones) y, lo más importante, no explota a nadie. Algo que sí hacen otros empresarios con ningún escrúpulo e infinitamente más ricos.

No es de extrañar que una empleada saliese a defender la empresa donde trabaja. Cuando lo haces en un lugar donde te respetan, te sale del alma. Yo misma lo haría por la mía si alguien entrase a sustraer alimentos o cualquier otra cosa.

Los asaltantes dicen que no hubo agresión

No quiero hablar de facturación ni de número de empleados. Lo único que sé con seguridad es que, en mi pequeña ciudad, casi un centenar de personas “privilegiadas” (rodeados de este panorama, lo son) trabajan en Mercadona y el número sigue creciendo.

El sueldo que perciben nada tiene que ver con el resto de cadenas alimenticias ni con muchas otras empresas. La retribución aumenta con los años y, por lo tanto, con la mayor experiencia del empleado en cuestión. Eso se llama motivación.

¿Y qué consigue Mercadona? Trabajadores y trabajadoras comprometidos e involucrados con su empresa y con su éxito.

Si hay algo que me llama la atención es la alegría de los empleados de Mercadona, en comparación con la infelicidad que demuestran los de otras superficies.

Si continuamos hablando de condiciones económicas, decir que esta empresa distribuye parte de los beneficios entre sus empleados. Más dosis de motivación.

En cuanto a las políticas de conciliación, Mercadona es otro ejemplo a seguir. A las 20 semanas de embarazo, las mujeres se quedan de baja (ya sabemos todos los impedimentos y obstáculos que otras empresas ponen a la maternidad) Por otro lado, las facilidades para adaptar el horario de trabajo a las necesidades personales son infinitas con excedencias o reducciones de horario.

Las trabajadoras de Mercadona se benefician de la baja desde las 20 semanas de embarazo. Esta es una medida de una empresa responsable socialmente.

Para mí, el éxito de Mercadona se escribe en mayúsculas gracias, por un lado, a la política de precios y calidad de los productos, y por otro, a la responsabilidad social y a las políticas de conciliación y de motivación permanente de sus empleados.

Juan Roig durante la inauguración de una planta logística en León

Una empresa respetuosa, responsable socialmente y pionera en España asaltada sin escrúpulos por los abanderados de las víctimas de la crisis. ¡Toma ya!

Soy víctima de la crisis y no me considero, para nada, representada por este grupo liderado por el diputado Sánchez Gordillo.

No quiero dar ideas pero, para dar el canté, podrían ustedes haber pensado en otras empresas que sí explotan a los trabajadores; aquellas a las que a las embarazadas se les echa directamente a la calle; aquellas gestionadas por personas sin escrúpulos u otros templos del despilarro donde te regalan un Ipad, una conexión a internet y 1.500 euros en dietas. ¿Le suena, señor Sánchez Gordillo?

Con una mensualidad de su sueldo de diputado pagaba yo mi hipoteca y daba de comer a mi hijo durante medio año por lo menos.

Sus tácticas sólo sirven para que muchas personas perdamos la confianza en quienes nos representan y admiremos más a empresarios que se han hecho a sí mismos y que, con su trabajo, han logrado crear una gran empresa y dar empleo a miles de españoles.

España necesita empresarios y empresarias que creen empleos y no un “Robin Hood” que dé de comer a los pobres.

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