Una mamá hecha y mal-trecha

¡Tachán! ¡Ya estoy aquí! Por favor, qué redoblen los tambores, que toquen las campanas… Y he vuelto para quedarme. Por lo menos, hasta el próximo verano. Que no es poco.

Os voy a contar así por encima como ha sido mi veranito de mierda. Pues nada. Todo pintaba requetebonito. Un mes enterito para dedicárselo al bichi. Él y yo. Yo y él. Pero se me olvidó que me acabo de meter en un tinglado de tres pares de narices: un negocio. Y se me olvidó también que tengo una casa que limpiar. Y que tengo una familia que alimentar… y un abuelo al que cuidar. Pues sí, este hombre, que a sus 87 años, sigue considerándose un chaval. Y, como buen chaval, cogió la bicicleta, se estampó contra un seto, se cayó a una acequia y se rompió la clavícula. ¡El nuevo Induraín!

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Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

De momento, mi memoria me llegaba para recordar vagamente que, como familia española que se precie, la crisis me está dando por el ojete. Con lo cual, los viajes chachipirulis ya los había descartado. Vamos, que por no ir, no fui ni a la playa de Miño, ni a Sanxenxo (esos destinos tan bercianos).

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Bercianitos en la playa de Sanxenxo

A lo más que llegué fueron a las piscinas de La Placa. Un complejo lúdico deportivo, que será muy guay, pero que con lo poco amiga que soy yo de las piscinas públicas o semipúblicas, pues la cara de seto que se me ponía cuando iba era todo un primor. Cargando como una mula. Eso siempre.

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Pura y dura realidad

O sea, que llevo todo el mes de agosto, trabajando como si no hubiera un mañana. Mis actividades diarias: ir a la tienda, limpiar, cocinar, curarle las heridas a Induraín, vender zapaticos y poco más.

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Yuhuuu… ¡la comida está en la mesa!

¡Aún no sé cómo sigo ilusionándome con los veranos! De verdad, que me falta un hervor ¡Hace tanto tiempo que no sé lo que es el aburrimiento! Ay, y aquellos veranos en los que, me pasaba horas muertas, intentando matar moscas con las manos. Por cierto, ¿las moscas siguen existiendo o ya se han extinguido?

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¡Pobre mosca! A esto se le llama quedar despanzurrada

Pues nada, vuelta a la rutina. Es decir, al descaso bendito. Por lo menos, ahora sé que, un ratito por las mañanas, estoy sentada en un silla de oficina.

Aprovecho para saludaros a tod@s. Muackkk

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4 comentarios en “Una mamá hecha y mal-trecha

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