¿Qué tashashiendo?

En la puerta del Mercadona que está cerca de mi casa siempre se pone un hombre a pedir. Le falta una pierna y muestra una rudimentaria y sucia prótesis. Supongo que con el objetivo de dar lástima a las cientos de personas que cada día atraviesan la puerta del establecimiento y así obtener unas monedas.

En apariencia es un hombre muy agradable y educado.  Tiene algo especial. Siempre saluda con un gran sonrisa. No avasalla ni se emborracha. Le gusta la Coca Cola.

Simplemente está allí sentado con un cartel en el que anuncia que tiene 3 hijos a los que alimentar. Algo totalmente verídico porque he visto como los niños le visitan a diario.

Me atrevería a decir que es una persona honrada y sus hijos también. El otro día se me cayeron unas monedas y uno de ellos las recogió y me las dio: “tome señora”.

Los ojos de este hombre, con el que he tenido la oportunidad de intercambiar algunas palabras, tienen un brillo especial. Es un brillo semejante al que tienen los ojos de cualquier ser humano que está a punto de llorar… pero él no lo hace. Siempre esboza una amplia sonrisa, seguida de un “hola” o  un “buenos días”. Y si le das conversación, allí está él para charlar de manera amigable.

Desconozco su nombre y las circunstancias que le trajeron a España pero sí sé que es rumano y que perdió la pierna en un accidente de trabajo. Se siente afortunado porque, según afirma, lo “raro es que esté aquí para contarlo”.

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Bicho, que no dijo dos palabras seguidas hasta este verano, siempre me sorprende.

Su primera frase fue un pregunta, con la que esperaba iniciar una conversación conmigo. Yo me estaba pintando las uñas. Se acercó a mí y me dijo: “mamá, ¿qué tashashiendo? Es decir, “mamá, ¿qué estás haciendo?”. Mamá, que estás haciendo; mamá, que estás haciendo…. jajaja ¡Qué alegría me dio escucharle pronunciar esas palabras con sentido!. Por fin, ¡mi hijo se ha pronunciado, se comunica!,… Esto ocurrió hace poco, a los dos años y medio. Una edad en la que muchos peques muestran una oratoria que ya quisiera yo para mí.

Pues así como son los peques de inocentes, de ingenuos y de curiosos. Así, se plantó el otro día Bichi delante de nuestro amigo. Estuvo un buen rato mirándolo de arriba a abajo. Sin sentir la más mínima vergüenza. El hombre le sonreía “¡Hola, bonito! ¿Vas de compras con tu mamá?” Bicho ni mu, ni está es boca es mía. Y mientras yo: “Vamos, que tenemos prisa. Saluda al señor no ves que te está diciendo hola”. 

Bicho continuó mirando de arriba a abajo y de abajo a arriba hasta que descubrió la prótesis. Frunció el ceño. Se acercó y, tan pancho, le suelta: “¿qué tashashiendo, eh?”.

Decir que, si me clavan un puñal, no sale pizca de sangre suena muy tópico, ¿no? Pues en ese momento, la situación era tan surrealista, tan de madre inexperta, de no saber qué hacer ni qué decir… que esa expresión puede que se quede corta.

El hombre contestó: “Pido ayuda para poder comer“. Bicho respondió: “ah”.

Bicho vino a mí, se dio la vuelta y dijo: “adiós”. Yo idem, pero reprimiendo las ganas de llorar, la vergüenza infinita de vivir en un mundo en el que se permita esto, en un mundo en el que no hay oportunidades, en el que cada vez hay menos y siempre para las mismas personas.

¡Qué triste no saber cómo explicarle a mi hijo por qué hay personas que tienen que pedir para comer!

ojo lloroso

¡Este puto techo de cristal, estos obstáculos que hacen que la vida sea tan complicada! ¡A veces, es duro pensar que es una mala suerte que mi hijo haya nacido en este momento y en este país!

Me encantaría que pudiera conocer otro mundo más humano, más solidario, más bonito… O, ¡qué narices!, me gustaría que viviera en un país con más oportunidades, donde no se echa a familias a la calle ni se ahogue a la ciudadanía con impuestos y continuos recortes.

A sus casi tres años empieza a darse cuenta de las injusticias que pululan a sus anchas por España ¡Una pena!

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6 comentarios en “¿Qué tashashiendo?

  1. Compañera jajaja aún me cuesta trabajo leerte en tu nuevo blog pero me da gusto volver a oír tu voz!!!!

    Me pasó algo similar por Madrid pues estaba un señor pidiendo y de esas veces que le dices ahora no y te giras y me pidió que lo mirara a los ojos. ¡COMO DEBE SER! VER A LA OTRA PERSONA y me dijo que el también era padre y que sólo me estaba pidiendo un poco de ayuda nada más…

    Se me cayó la cara de vergüenza y le miré a los ojos y le dije que tenía razón.

    Muy duro.

    Un besote desmadroso

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  2. Cuando son más pequeños no sé si son muy conscientes de las cosas, y quizá sea bueno no dramatizar demasiado para darles la oportunidad de vivirlo con la misma (es duro decirlo) inmunidad que lo hacemos nosotros. Pero con mi hijo mayor de 5 años soy yo el que me preocupo en buscarlo, en sacar el tema y contarle lo qué es la vida, los accidentes, las enfermedades y las injusticias. Así por lo menos en el plano teórico estará preparado por si llegan. Y así también aprenderá a ver a esas personas como uno más de nosotros.

    A propósito, para el caso de las discapacidades ayuda mucho que tenga un compañero de clase con discapacidad.

    Bss,

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    1. Sí, por supuesto, él todavía no es consciente de que ese señor no tiene para comer ni que nosotros lo estamos pasando mal por la crisis y la falta de expectativas.
      Espero que algo mejore un poquito cuando él tenga que enfrentarse sólo a la vida. Gracias por tu comentario.

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      1. El simplemente tiene curiosidad, eso es sano, ojalá fuéramos las personas mayores tan faltos de prejuicios no crees???

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      2. Sí, por supuesto. Yo, muchas veces, soy incapaz de mirar cara a cara a las personas que piden en la calle. Por pena, por vergüenza de no darles dinero o, simplemente, porque ojos que no ven, corazón que no siente.
        Pero eso se tiene que acabar. Ahora a la pobreza hay que mirarla de frente porque al paso que vamos muchos tenemos ya un pie de ese lado de la realidad.

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