¡Qué daño nos hicieron los 90!

Ayer una abuela nos cantó las cuarenta en una charla sobre maternidad. Bastaron dos miradas de “parecéis anormales” y una afirmación: “antes no había tantas tonterías“.

Otra abuela (la mía, la andaluza) me grita día sí y día también: “estás malcriando al niño porque duermes con él, ea”. Por cierto, la misma nonagenaria a la que he pillado in fragantti ofreciéndole chocolate al bicho para que le quiera a ella más que a nadie. (¡Perra!).

He leído este artículo en El País y me ha dado por pensar en aquellos maravillosos años. Esa década en la que las guerras se empezaron a ver en la tele como si fueran fuegos artificiales; en la que nuestros padres tenían un trabajo detrás de otro; las becarias le daban gusto a los presidentes del mundo y los presidentes y demás políticos eran muy majetes y corruptos en su justa medida.

Todo era felicidad, consumismo, pijos grunge de los que teníamos de todo pero que eramos más guays con “un par de pitillos, un par de cafés y un poco de conversación. Tú, yo y cinco pavos” ¿Os acordáis? Lo decía Ethan Hawke (mi  amor platónico) en la película de culto de la Generación X: Reality bites.

Pijos grunge de la Generación X
Pijos grunge de la Generación X

¡Ay, aquella década de los 90! Sí, la de Brandon y Brenda, la de Padres Forzosos y el Príncipe de Bell Air… y no sé cuantas más series americanas en las que los padres les pedían perdón a sus hijos y se martirizaban si alguna vez herían los sentimientos de sus pequeñuelos. Algo totalmente inaudito para nosotros: los pobres niños españoles.

¡Qué daño nos han hecho escenas de padres yendo a la habitación ante sus hijos mientras lloraban desconsolados! Todas terminaban con un abrazo y  un “no se volverá a repetir“… Vaya, aquí, a lo mejor te ibas a la cama llorado y calentito.

Papi blandiblup
Papi blandiblup

Y ahora a punto de acabar 2013, nos quedan un par de pitillos, un par de cafés y cinco pavos. Lo de la conversación se ha ido al garete por culpa del facebook y del whatsapp.

Con este panorama, aún queremos ser como Danni Tanner, un papi chachi-guay, enrrolladete, blandengue y tierno que saca tiempo de debajo de las piedras para estar con sus pequeñas.

¡Pues con cinco pavos en el bolsillo y este referente televisivo, lo tenemos más que jodido! ¿No creéis?

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