En los zapatos de una niña

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Estos zapatitos me recuerdan a mi infancia ¡Ni de lejos eran antes tan bonitos! Pero, será su color turquesa o sus florecillas fucsia, no sé qué es… que me parecen de cuento y hacen que me ponga nostálgica. Y, cuando estoy así, lo mejor es ir a casa de mamá. Y allí, a su lado, me pongo cómoda.

Me acurruco en una esquina del sofá, me echo mi manta fetiche de color negro y, poco a poco, me voy adormeciendo. El sonido de la tele empieza a atenuarse, cada vez más…

Y, en un instante, vuelvo a estar en casa, en aquella habitación pequeña, pero que ahora me parece tan grande y, a la vez, tan acogedora. Vuelvo a sentir bajo mis pies descalzos la suave moqueta marrón ¡Qué delicia!

Mi hermana y yo jugamos a la goma. Y, como sólo somos dos, la enganchamos en dos sillas. Nos importan un comino las riñas de mamá cuando se caen. Las vais a romper, grita desde el otro extremo de la casa.

Fuera hace frío. Pronto llegará la Navidad.

Se oyen pasos subiendo las escaleras. Es la abuela que viene de comprar de la tienda de Pili. Seguro que trae turrón y hummm …  mazapanes.  Sigue subiendo y se oye abrir y cerrar la puerta de su casa. Vive en el segundo.

Nosotras a lo nuestro. Primeritas, segundas, terceras… Pum ¡La silla! ¡Como vaya!, de nuevo vocifera mamá.

Otra vez. La puerta del portal. Más pasos. De repente alguien mete las llaves en nuestra puerta y abre ¡Es papá!

Mi hermana y yo salimos corriendo. Sí, es él. ¡Qué bien huele! ¡Huele a papá! Nos coge a las dos en brazos y nos besa. ¡Papá es tan grande y tan fuerte!

¿A quién queréis más? Jajaja. Papá siempre pregunta lo mismo… A ti, contestamos las dos al unísono. Ay, no me cojas del tobillo, le grito. Ay, ay, jajajaja.

Papá me ha traído un regalo. Es una Nancy preciosa. Es rubia, de ojos azules y viste unos vaqueros de campana. Pienso que algún día yo seré como esa Nancy, tan guapa y tan moderna. Pero, ahora, ahora mismo ¡soy tan feliz!.

El despertador del móvil suena. En la tele hablan de la crisis (otra vez). Mi madre sigue a mi lado. No estamos en casa y papá ya no está. No va a volver. Lloro por dentro.

Me pongo mis botas de serraje negro. Negrísimo. Llevo vaqueros de pitillo.

Sin quererlo me despierto en un mundo gris.

Pienso que la puñetera nostalgia va a acabar conmigo.

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